Artículo publicado en octubre 2014 en la revista Identidad Monte Sinai.

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Religiosidad: 

¿Qué ha Cambiado?

El judaísmo es una de las religiones más antiguas, y una de sus virtudes es su preocupación por la continuidad. Ser judío significa mantener una lealtad a los principios y tradiciones del pasado. Pero aún dentro de nuestra comunidad ortodoxa, hemos visto algunos cambios en las últimas décadas: cambios en la manera de vivir y entender la religiosidad.  La pregunta es: ¿estamos mejor o peor?

Emilio Betech R.

Una Conversación con el Rabino Abraham Tobal y el Rabino Yosef Jaim Benchimol

 

Todos lo hemos escuchado: las discusiones en casa sobre los cambios en el estilo de vida de tal o cuál persona que “ya se hizo religioso”. ¿Su esposa ya usa falda y peluca? ¿Ya no va al cine? ¿O sea que ya no come en casa de su mamá? 

O a veces nos sentimos con la autoridad para evaluar los comportamientos de los demás, incluso con argumentos comparativos: ¿Para qué anda con kipá si come queso en la calle? ¿Y cómo dice que es kosher si pide un pastel en Starbucks? ¿O es todo o es nada, no? 

También nos gusta afirmar que en tiempos pasados, las cosas se hacían diferente: ¡Eso de andar con tzitzit no se usaba antes! ¡Los rabinos de antes nunca nos enseñaron estas cosas que hacen ahora! ¡Nos han impuesto costumbres que son ajenas a nuestra idiosincrasia!

La realidad es que los temas de identidad, ética y conducta son en sí fascinantes. No es que seamos necesariamente “chismosos”, sino que estas discusiones son vitales para entender el papel que juega la religión y el ritual es nuestra vida cotidiana. La manera en que expresamos nuestra identidad judía -y nuestra religiosidad- representa una afirmación de cómo entendemos nuestro lugar en el mundo, como individuos y como comunidad. Y todos esos códigos de comportamiento, asociados a nuestros usos y costumbres, dicen mucho del lugar que ocupamos en la gran historia de nuestro pueblo.

Pero, a ver… ¿Han habido cambios en nuestro judaísmo, o será que simplemente ahora nos fijamos más? ¿Puede la religión aumentar su nivel de especialización, como sucede con la medicina, por ejemplo? ¿Y qué hay de esa presunta influencia ajena en la religiosidad? ¿Le echamos la culpa a Argentina?

Para dar respuesta a todo esto, decidí sentarme a una mesa redonda -franca y sin tapujos- con dos rabinos de la comunidad: Abraham Tobal y Yosef Jaim Benchimol. Ambos, líderes religiosos con amplios conocimientos e indudable carisma, y sobre todo, una gran honestidad intelectual. El Jajam Tobal, de 56 años de edad, es Rabino Principal de Monte Sinai. Nacido en Argentina, llegó a México hace más de 30 años, y luego de trabajar arduamente, dedicándose con especial atención en la juventud, logró  ganarse el cariño y respeto de decenas de miles.  Benchimol, de 35, forma parte de una nueva generación de rabinos jóvenes, y como rabino y jazán de Bet Yosef, ha impulsado grandes actividades de valores y enseñanza religiosa. 


 ¿Realmente ha cambiado la religiosidad en nuestras comunidades? Y si sí, ¿cuál, en su opinión, ha sido el cambio más dramático?

R. TOBAL: En los últimos 10 ó 15 años, hemos visto una gran apertura de mente en varias áreas, y una de ellas es la religión. De manera muy significativa, hoy vemos que se ha ido quitando el miedo al estudio y al conocimiento. Antes, durante los más de 100 años de la comunidad, el enfoque estaba puramente en la tradición. “Así lo hicieron mis abuelos, y yo hago lo mismo que ellos”. Pero además, había un rechazo a la idea de entender, la gente decía “no me vengas con argumentos, no me vengas con filosofía, es tradición y así se hace.” Pero ahora ya entendemos que en la religión tiene que haber estudio y conocimiento. Porque habían cosas que se hacían, y no forzosamente eran las correctas. Un ejemplo: durante muchos años se tenía la idea de que de los 6 ayunos establecidos, los más importantes eran Yom Kipur y el Ayuno de Esther; ahora, es cierto que el más importante es el de Kipur, pero el Ayuno de Esther es de hecho el menos estricto de todos, ya que el que le sigue de importancia a Kipur, es el 9 de Av, y el último en importancia es justamente el Ayuno de Esther.  Otro ejemplo: en la comunidad, había un tabú de que no se puede comer queso en Pésaj, debido a una idea errónea de que todo lo que fermenta es jametz. Al señalar que esto no tenía sustento halájico, ya que son sólo cinco granos los que, al fermentar, se hacen jametz, y que no todo lo que fermenta es jametz (el mejor ejemplo es el vino). En un principio, hubo un rechazo natural Ahora,  por parte de mucha gente, a la información nueva, sin embargo, hoy ya se sirve queso en las seudot de Pesaj. Antes las cosas se hacían por inercia, y ahora se hacen con mayor entendimiento y con base en las fuentes halájicas.

R. BENCHIMOL: Conozco a la comunidad desde hace 10 años y llevo ya 7 años trabajando aquí, por lo que no puedo hablar de lo que era antes. Pero yo señalaría la apertura de los jóvenes  por aprender y responder las preguntas de por qué hacemos las cosas. La juventud no acepta los mitos. Al mismo tiempo que seguimos las tradiciones, no se conforman con eso. Por ejemplo, no hacen el kidush solo por hacerlo, no es sólo el ritual. Quieren entender por qué. Mucha gente, cuando entiende ciertos temas,  nos dice “lástima que no sabía eso hace 30 años”. Antes algunas cosas se hacían sin motivo, y eso ya no lo aceptan los jóvenes.

¿Les parece que los jóvenes hacen mejores preguntas que los grandes?

R. BENCHIMOL: No sé si hacen preguntas mejores o más difíciles, pero tienen más interés por conocer las respuestas.

¿Y los grandes no tanto?

R. BENCHIMOL: Los grandes son más diplomáticos, pueden decirte que sí, pero no siempre aceptan cambios a las cosas a las que están acostumbrados. Un joven está más abierto para saber si una cosa es A ó es B, y el mayor no siempre quiere saber que su A no necesariamente sea lo correcto.

R. TOBAL: Los jóvenes siempre han sido más idealistas y revolucionarios, están más abiertos para reevaluar y replantear cosas que se han dado por obvias. El joven, por naturaleza, busca el cambio.

¿Somos menos supersticiosos que antes?

R. TOBAL: Yo he luchado mucho contra las supersticiones, que en general, tenemos muy arraigadas. Por ejemplo, el tema del luto es terreno fértil para éstas, ya que la muerte tiene que ver con lo desconocido y hay miedos. Eso genera sugestiones mentales que se vuelven muy intensas. Cuando me toca atender estos casos, siempre procuro explicar esos errores y mostrar de dónde vienen esas creencias

¿Y por qué, religiosamente, es importante no creer en supersticiones?

R. TOBAL: Las supersticiones están absolutamente prohibidas por la religión, a tal grado que se compara con la idolatría, uno de los pecados más graves en el judaísmo. Nuestro lema es el “Shemá Israel”, la creencia en un solo D’os. Pero si yo creo que tendré mala suerte si alguien me pasa la sal, le estoy dando un poder especial a la sal, es como creer en otra fuerza fuera de D'os.

¿Y cuando a veces llegan algunos rabinos y creemos que si nos dan una berajá, nos va a ir bien? ¿Eso también es superstición, ¿o no?

R. TOBAL: El judaísmo sí contempla la idea de que una bendición puede traer bienestar, pero no es magia, puesto que parte de un concepto filosófico judío que dice que D’os paga con la misma moneda. Es decir, si el hombre cumple con la palabra de D’os, entonces D’os cumplirá la palabra del hombre. Sin embargo, hay que tener cuidado, pues hay casos en los que se trata sólo de pseudo-rabinos y pseudo-cabalistas que dicen poder ver el futuro, farsantes que manipulan la buena fe de la gente por intereses personales. Lo digo categóricamente.  El punto es que la superstición tiene que ver con miedos, es ponerle un poder a las cosas que no tienen poder. Aunque por mil años la gente pensó así, hay que manejar valores, no creencias mágicas.

¿Estos cambios hacia mayor entendimiento, son propios de los judíos de México, o se están dando en todo el mundo?

R. TOBAL: Son un cambio de época. Antes la gente, en todo el mundo, era más sumisa. Se obedecía todo lo que las figuras de autoridad tradicionales decían, sin cuestionarlos. Estamos hablando de una tendencia y una evolución a nivel mundial. Hoy la gente cuestiona, y es importante dar las respuestas correctas.

R. BENCHIMOL: Y el Rabino Tobal ha impulsado mucho a que la gente pregunte. Porque además, va de acuerdo a lo que el judaísmo dice: que hay que preguntar. Antes había miedo al atrevimiento de preguntar.

¿Y el cuestionamiento al rabino como figura de autoridad? ¿Tenía más autoridad antes? ¿Era más venerado antes? ¿Cómo ha cambiado la figura del rabino, especialmente en nuestra tradición sefaradí?

R. TOBAL: Como existía esa educación de no cuestionar lo que diga el papá, lo que diga el adulto, de la misma forma, el rabino también era incuestionable. Era un respeto “a fuerzas”. Ahora hay un respeto más auténtico, no basado en miedo. Es un respeto ganado, que nace por admiración, no por imposición. Por otra parte, hay esta tendencia mundial en que se ha perdido el respeto a muchas cosas. Antes el joven no fumaba frente a su papá. Lo veía como una falta de respeto. Cambiaron los tiempos, para bien y para mal. Hoy hay la idea de “¿quién eres tú para decirme?” Hoy el respeto se gana con méritos.

Ahora hay rabinos a quien todo mundo le habla de “tú”.

R. BENCHIMOL: Sí, yo prefiero que me hablen de “tú”. Necesito que la gente se acerque. Mejor que le hablen de “usted” al Jajam Tobal, por su jerarquía, pero no a mí.

¿Pero un rabino es un rabino, no?

R. BENCHIMOL: La función de un rabino es acercar a la gente a D’os, y si por hablarme de “usted”, eso implica una distancia, o le va a dar pena acercarse, entonces ese supuesto respeto me está impidiendo que yo cumpla con mi función.

R. TOBAL: Y otro de los cambios en la evolución de la comunidad es justamente eso: antes el rabino estaba en su pedestal, era generalmente mayor, había menos confianza… No se le podía preguntar de temas como, por ejemplo, sobre la existencia de D’os, temas de sexualidad, etcétera. Faltaba comunicación, y por eso mucha gente se quedaba con creencias erróneas. Por mi parte, me esmero en tener otro tipo de acercamiento con los jóvenes, y por esa razón, durante muchos años los acompañé en su viaje de generación a Israel, donde me veían como un amigo cercano, compartiendo experiencias con ellos, por lo que se sentían con la confianza para acercarse y para preguntarme cualquier cosa. Así los podemos orientar mejor.  He procurado, y gracias a D’os he logrado, que nuestro equipo de rabinos sea gente que siga esta línea: joven, abierta, comunicativa.

Algunos dicen que en las comunidades sefaradim de México hemos adoptado comportamientos o estilos ajenos a nuestra cultura: argentinos, ashkenazim, hasta jasidim… ¿Qué hay de cierto de esto?

R. TOBAL: Muchos creen que “llegaron los argentinos” y las cosas cambiaron, pero no es tan simple. En el judaísmo, a nivel mundial, hay un fenómeno que hemos visto en los últimos años, que consiste en emular algunas prácticas de ciertos grupos (que pueden ser radicales o de otro tipo), aunque éstas prácticas no tengan el menor fundamento halájico. Ejemplo: si Fulano compró para Pésaj hasta papel higiénico supervisado, ciegamente se le llega a imitar, creyendo que cosas como éstas le dan a uno más mérito religioso. A veces se cree, incluso, que por el sólo hecho de tener una barba larga, lo que diga o haga esa persona ya es incuestionable, aunque esa persona pueda ser muy ignorante de las verdaderas fuentes religiosas. Muchas de estas personas también transmiten cosas que vieron en otros, otra vez, sin haber estudiado las fuentes. En pocas palabras: la ignorancia muchas veces termina en hábitos y costumbres, y después algunos creen que ya es ley.

R. BENCHIMOL: Además, cuando estudias temas directamente en el Shulján Aruj, en el Talmud, temas como shejitá o nidá… te das cuenta que muchas de estas cosas nuevas no siempre tienen fundamento. 

¿Y el agregar o exagerar no es, de alguna forma, reformismo?

R. TOBAL: La Torá dice “no agregues sobre todo lo que te estoy ordenando, ni le quites”. Nótese que incluso primero dice “no agregues”. Por lo tanto, agregar una prohibición que no existe en la Torá, a sabiendas de ello, argumentando que ésta proviene de la Torá, es definitivamente un acto de reformismo. Sin embargo, sí existen ciertas restricciones que establecieron nuestros jajamim calificados en le época del Talmud para salvaguardar los preceptos ya existentes. Y estas restricciones están definidas como tales y tienen toda la validez. Pero si alguien las define como una nueva prohibición de la Torá, estaría transgrediendo el versículo antes dicho. Personalmente hago mucho énfasis en dar la información exacta de lo que establece la halajá. Ahora, hay casos en que, además de la halajá, puede existir una diferencia de opiniones rabínicas. En esos casos, considero importante transmitir la información completa y no determinar la situación, de manera absoluta, yéndonos siempre, por default, a la opinión más estricta, sino permitiéndole a la persona tomar la decisión acorde a la información dada; es decir, no deformar la información diciendo que la inclinación hacia lo más estricto es la halajá.

¿Hay un “factor argentino”?

R. TOBAL: La mayoría de los rabinos habla hispana, en las últimas décadas, llegaron de Argentina a México, por eso se tiene esa impresión. Pero la mayoría ellos se prepararon en las grandes yeshivot de Israel. Por lo que ero es un fenómeno que está pasando en todo el mundo, no es particular de Argentina.

Pero cuando un rabino propone un cambio, incluso un cambio fundamentado, algunos lo sienten como una falta de respeto a los rabinos de antes, como decir “Qué, ¿los rabinos de antes no sabían?”

R. TOBAL: Sí pueden haber cosas desvirtuadas hoy, pero también es cierto que hay cosas que antes no se sabían. Ahora, siempre hemos tenido grandes rabinos en nuestra tradición de Siria, pero por la pobreza que había, no siempre todos los rabinos tenían la posibilidad de estudiar de forma profesional, tenían que sobrevivir, eran las circunstancias.

R. BENCHIMOL: Y por lo mismo que hemos dicho, cuando los rabinos hablaban árabe y ya la comunidad hablaba español (ya en México), a veces la barrera del idioma impedía que el mensaje del rabino fuera comprendido bien por toda la comunidad.

R. TOBAL: Y no sólo la barrera de idioma, también habían barreras culturales, como ya lo hemos mencionado. Así que, el punto medio: no es válido el argumento de que “a mí me enseñaron así y todo lo demás está mal” (porque es un hecho de que sí podía haber falta de conocimiento en los tiempos de antes, debido a las circunstancias); ni tampoco es válido decir que toda la información que se maneja actualmente es 100% la correcta.

¿Existe una forma de religiosidad propia de lo sefaradí, de los judíos de Medio Oriente?

R. TOBAL: La religión es igual para todos, son los mismos valores y los mismos principios. Pero hay algo que caracteriza por tradición a lo sefaradí: la moderación, el equilibrio, la escuela de Maimónides, el “sendero de oro”. Creer en D’os, respetar la tradición, cumplir la religión, con humildad. Los sefaradim somos, en general, conciliadores y tolerantes.

R. BENCHIMOL: Y muchos de nuestros rabinos de antaño era gente que amaba la humildad. Tenían cualidades maravillosas de ayudar a los pobres, a los enfermos.

¿Y eso se está manteniendo o ya también cambió?

R. TOBAL: La tendencia sigue, el sefaradí más alejado, en general, sigue teniendo fe y mantiene ciertas tradiciones. Otros, cuando se alejan, se alejan totalmente. Aunque como ya mencionamos, algunos sefaradim han asumido ciertas prácticas que son costumbres ashkenazim. Por ejemplo, según la costumbre sefaradí no se debe usar los tzitzit fuera de la ropa, pero hoy muchos jóvenes de yeshivá han adoptado esa práctica.

¿Qué opinan de los casos en que una persona se hace religiosa, y eso causa conflictos en la familia?

R. BENCHIMOL: Acercarse a la religión no debe causar conflicto con nadie, y si causa, estamos yendo en mal camino.

R. TOBAL: Hacerse religioso debe generar cambios, pero éstos tienen que ser positivos. Un joven que se acerca a la religión tiene que empezar por respetar a los padres. Sin embargo, tiene que haber un respeto mutuo. Porque así como un joven tiene derecho de estudiar la carrera que más le guste, también tiene derecho a empezar a respetar Shabat, si ésa es su convicción, aunque sus papás no lo hagan. Y no por eso puede hacerlos sentir de menos, ni mucho menos faltarles al respeto. Al contrario, siempre tiene que haber el máximo respeto a los padres, ya que es uno de los Diez Mandamientos, considerados fundamentales en el judaísmo. Si en la práctica, surgen diferencias técnicas para la observancia cotidiana de la religión, las dos partes deben entablar un diálogo constructivo, tomando en consideración las necesidades de la otra parte, para encontrar soluciones, manteniendo el mutuo respeto. La verdadera religión no debe inducir al conflicto; al contrario, debe causar placer y alegría. Si genera enojos y discordia, no es la verdadera religión.

R. BENCHIMOL: Porque también hay casos de familias, en donde no todos son religiosos, y todos se respetan y se llevan de maravilla.

R. TOBAL: La religión debe mejorar el ambiente familiar. Hoy en día, el respeto a los padres y a los mayores ya es algo bastante olvidado, así que la religión debe empezar por ahí.

Pero sinceramente,  eso no siempre se enseña en las clases de Torá. A veces les enseñan más que hay que cambiar las vajillas y todas esas cosas.

R. TOBAL: De nuevo, si sólo se enseña el ritual sin los valores, la enseñanza no está completa. Pero cuando la religión se transmite de forma integral -los preceptos entre el Hombre y D’os, así como los del Hombre con su prójimo- entonces eso llevará a encontrar el camino para poder cumplir los preceptos, manteniendo la conciliación y la armonía familiar.

¿Qué es para ustedes un “extremista”?

R. TOBAL: Un extremista es cuando alguien, por falta de conocimiento, por oscurantismo, llega al extremo negativo. Es ceguera, irracionalidad. Pero no me gusta mucho la palabra “extremista” porque si yo cuido mi salud, y me voy al extremo en cuidar mi salud, eso no está tan mal. O el extremo de alegría tampoco es malo. Pero si extremismo implica distorsionar la información, o perseguir intereses personales (como de ego y poder), ahí es cuando el extremismo se vuelve totalmente negativo.  Pero de nuevo, lo mejor es la moderación en todo.

R. BENCHIMOL: Para mí, el extremismo es fanatismo, y no lo acepto. No es lo que nos enseñaron nuestros sabios, ni lo que ordena la Torá. Por ejemplo, cuando una mujer, buscando vestir con recato, termina cubriéndose todo el cuerpo menos los ojos, eso es fanatismo. La Torá dice que recato no significa subyugar a la mujer, ni negarle su belleza. Fanatismo es desvirtuar la Torá.

¿Y hacia dónde vamos en el tema religioso?

R. TOBAL: Yo me siento muy orgulloso de nuestro equipo de rabinos, el cual tiene una misma visión sobre su misión, una línea unificada de respeto. Actualmente estoy preparando un manual de lineamiento de nuestras costumbres y prácticas religiosas, para mantener sólidas nuestras raíces y preservar las bases religiosas de nuestra comunidad.

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